Esta mañana, según he despertado, me ha llamado una amiga para anunciarme el fallecimiento de un amigo común, Nacho. Y de pronto se “hilan” las tres imágenes que me impactaron ayer mientras conducía de vuelta a mi ciudad natal. Me refiero a esas imágenes que tienen como una especie un destello diferente y que llaman nuestra atención de forma especial más allá del consciente. Éstas fueron ver una muerte en las noticias de televisión mientras hacía el equipaje, cruzarme en plena carretera desierta de automóviles con un coche fúnebre y reparar en el cementerio de un pueblo de los montones de pueblos que pasé. Muchas veces he visto muertes en televisión, coches fúnebres o cementerios, más estos tenían que ver con ese impacto especial en mi Conciencia que yo ya me conozco de cuando la vida me está hablando a otro nivel o precisamente desde otro nivel de realidad. Ese tipo de impacto, como de señal, que me está susurrando: “Presta atención…”.

Tras ver la primera imagen que me impactó de forma especial, y las otras dos que le siguieron, lo primero que me vino a la mente fue mi propia muerte al afrontar un viaje conduciendo a través de 200 kilómetros. Luego pasé a la muerte de alguno de mis amados padres. Luego me entregué a cualquiera de esas posibilidades como parte de la experiencia vital si es que así había de suceder. Comentar que ayer, tras el viaje, llegué a casa sano y salvo y que mis padres se encontraban perfectamente. Mas al comenzar hoy el día, la noticia del fallecimiento de mi amigo me lleva a hilar, desde un lugar profundo, las imágenes que ayer me impactaron de forma especial con su fallecimiento, ocurrido mientras yo estaba en el trayecto de ese viaje.

En este caso, ha fallecido un hombre joven, lleno de proyectos, en plena actividad, con una vida feliz junto a la persona que compartía una verdadera historia de Amor de las que pocas hay. Y se ha ido de este plano de pronto, sin aviso previo, dejándolo todo tal y como estaba en el momento de su partida de esta vida que conocemos. Observo consternación alrededor en las personas que le conocíamos y que habíamos compartido pasado con él. Observo dolor, incomprensión y, sobre todo, percibo una atmósfera de humildad interior y profunda en todas ellas. Una humildad casi silenciosa ante lo grande que es este misterio de la vida en el que la vida parece ser que sólo puede serlo si va vinculada a la muerte.

Conocí a Nacho hace muchos, muchos años, cuando no existía internet ni mucho menos la telefonía móvil. Cuando ambos empezábamos a estudiar en una Escuela de Artes lo que más nos apasionaba en aquel momento. Con pocos años ambos y muchas ganas de comernos el mundo… Y hoy, esta mañana, me han dado la noticia por móvil y me he visto escribiendo en una red social unas palabras para este hombre a modo de despedida: “Te recuerdo, ya desde los inicios en la Escuela, cuando quedaba toda la vida por delante, como un ser humano incipiente de ideas, de creatividad, de pasión, de mirada pícara y sonrisa amplia, de corazón cercano y abrazo cálido. Que la Luz que has dejado en esta Tierra sea la que brille en tu Viaje… Amor para ti y para los tuyos”.

Y me he quedado en silencio durante unos instantes. En ese estado… me he percatado de que la frase que se ha quedado dando vueltas por mi mente como una bolsa de papel que baila a merced de la brisa ha sido: “Cuando quedaba toda la vida por delante”. Ostrás… De pronto qué contundencia y significado ha cobrado en mi interior esto. No es que nunca me lo hubiese planteado, sino que justo hoy, Ahora, la Conciencia acerca de ello es diáfana y profunda.

Ayer mientas viajaba a través de todos esos kilómetros en la soledad de la conducción, mientras anochecía hasta hacerse del todo oscuro, lloviendo por doquier, tras las tres imágenes que me habían impactado, caí en la cuenta de la edad de mis padres, de su fragilidad, de su grandeza que emerge a través de todas sus imperfecciones y, sobre todo, de las veces que yo me dejo caer en una parte pequeña y roñosa cuando les juzgo, les critico o cuando me desconecto de su sensibilidad, de su dolor y su anhelo de Amor. Y en pleno viaje tomé la decisión de hacer un esfuerzo consciente de atravesar mis zonas pequeñas y limitadas que me desconectan de amarles tal y como son hagan lo que hagan. Y que ya está “siendo tarde” el que me desprenda de las zonas que me mantienen en la ignorancia de que en este plano todo es eterno, que lo que se haga o se deje de hacer da igual y de creerme que no pasa nada cuando sé que tengo algo para alguien, como puede ser un gesto de cercanía y cariño, y no lo doy. No. Lo que se tiene y no se da se pierde para siempre, me dijo una vez un Maestro, y qué verdad es… 

Y creo que esto sirve para unos padres, unos hijos, unos amigos, parejas, compañeros de trabajo, jefes, empleados, vecinos, conocidos y desconocidos. Seres Humanos que están, como yo mismo, en esto tan difícil de vivir. Creo que vale para todos ellos como seres que anhelan Amor, como yo mismo, en un mundo sediento de él. Creo que puede servir para cualquier momento y situación, por dura que sea. Priorizar el Amor en mi mente y en mi Corazón, el Amor no tanto que busco encontrar y que me den sino el que soy capaz de producir y emanar al mundo.

Hoy, con tu muerte, Nacho, amigo – porque así me llamaste la última vez que te dirigiste a mí tan sólo tres días antes de tu fallecimiento -, toda esta reflexión acerca del Amor en la soledad del viaje, cobra aún mayor sentido. ¿Sabes por qué? Por que con tu partida inesperada aún cobra más significado lo de “cuando quedaba toda la vida por delante…”.

Tras esto, me he reunido con mis padres, mayores. Les he abrazado a ambos a la vez y he juntado mi frente a las suyas en un acto de Reconocimiento, Gratitud, Honra y Amor formando un Triángulo Sagrado de Unidad. Y sus corazones a través de sus miradas han expresado sosiego y sonrisa en la misma clave, en clave de Amor. Y a través de estos padres míos he podido entrar en contacto con la Humanidad toda. Cada día, a cada momento me percato más de que la clave en esta dimensión de existencia, en este mundo, es el Amor, ya que quizás, “todo”, lo que busca en el fondo es ser amado. Ostrás… Que por mí parte no quede.

Mi vida, tu vida, es ya, Ahora. Y el Ahora lo que pide es Amor.

Por favor, ve y haz lo que tienes que hacer.

Luego… quizás sea tarde.

Gracias, Nacho, Corazón, por iluminarme.

Por Francisko Javier de Pablo. Fundador y Director de Código Inspiración. Especializado en Inteligencia, Formación y Gestión Emocional.