Muchas personas quieren vivir en paz y tranquilidad interior, mas no saben cómo conseguirlo. Muchas de ellas creen, desde una perspectiva algo infantil, que estos estados se producen sin más y… nada más lejos de la verdad. Estos estados, y todos, son siempre efectos o consecuencias de una causa determinada. Y ésta siempre se encuentra en el aspecto mental de la persona.

Así la felicidad, la tristeza, el miedo, el gozo, la ansiedad, la paciencia, la impaciencia y el resto de la totalidad de estados que sentimos – porque está implicado el aspecto emocional – siempre tiene su origen en algún tipo de idea o pensamiento que casi siempre está basado en una creencia, ya sea ésta consciente o inconsciente. La creencia la podemos entender de manera sencilla como una idea del plano mental que he creído como verdad, que todavía no he cuestionado y que puede no corresponder a la realidad. Es enorme el número de personas que albergan un enorme número de creencias limitantes. Y según lo que creas, así experimentarás los acontecimientos de tu vida. Así de fundamentales son.

La cosa se complica cuando además de por creencias – ya decimos que casi siempre inconscientes o no revisadas y puestas al día – los seres humanos nos movemos por prioridades. Y éstas igualmente no suelen ser conscientes y mucho menos tenidas en cuenta o revisadas.

Así, si una persona cree a nivel profundo que no tiene valor y que para ello se la tiene que estar reconociendo  y validando desde lo externo, su prioridad puede estar siendo el llamar la atención continuamente a través de hacerse un personaje desvalido y victimista. Esto se traduce en su comportamiento el cual, lejos de conseguir lo pretendido, causa precisamente el efecto contrario de rechazo en los demás por esa manipuladora llamada de atención continua. El asunto es más ciego aún cuando además la persona culpa al mundo por cómo es de desconsiderado cuando es ella misma la que no está siendo responsable de lo que está emanando y causando en el exterior. Un bucle de inconsciencia, ignorancia y, casi seguro, de sufrimiento.

Prioridad puede significar el que una persona considere algo más importante que otro “algo”. Y esto ocurre en todo momento desde las creencias no revisadas que están definiendo todo en nuestra vida. Prácticamente nadie conoce conscientemente el sistema de prioridades por el que se mueve en el mundo ni el sistema de valores asociados a estas prioridades, siendo todo ello por lo que están manifestando sus comportamientos, pensamientos, emociones y verbalizaciones, para bien, para mal y para regular. Prácticamente nadie ha hecho una revisión de sus prioridades y escala de valores. En el caso de la persona anterior podría ser, por ejemplo, una vez hecha consciente la dinámica, el decidir ubicar como prioridad el reconocerse y valorarse a sí misma por encima de todo – que nada tiene que ver con el egoísmo . movilizando así una nueva escala de valores.

Todo el mundo quiere vivir en paz, mas prácticamente nadie se lo plantea como prioridad en su vida. Y una prioridad en la vida va antes que otra cosa, antes que nada. Todo el mundo quiere vivir en paz mas ¿cuántos pensamientos de paz se piensan, emociones de paz se sienten, verbalizaciones de paz se dicen y acciones de paz se llevan a cabo? Si mi prioridad es vivir en paz habré de saber que eso ocurre en mi mente y si lo convierto en mi prioridad lo acompañaré de valores como atención, perseverancia, práctica, decisión, intención, paciencia, humor y demás valores entendidos como lo que añade y da valor a mi vida.

Revisar la escala de prioridades y sus valores es empezar a hacerse otro tipo de preguntas y esto requiere un compromiso interno basado en la responsabilidad, nunca como una carga, sino como un libre y consciente acto de amor. Quien hace una revisión de su escala de prioridades y de la escala de valores que lo acompaña, comienza un viaje interior fascinante, quizás remueva mas, seguro, que también ilumina. Revisar la escala de prioridades es dedicarse amor. Y quien eso hace… estará amando al mundo.

Con el deseo amoroso y profundo de que tu paz interior y el amor por ti mismo/a sean tu prioridad absoluta.

Por Francisko Javier de Pablo, director de Código inspiración, especializado en Inteligencia Emocional, Espiritualidad y Trascendencia.