Como sé que tienes la capacidad, a ti me dirijo. A ti que a veces te has sentido poca cosa o que no te creías con ningún mérito para merecer. Quizás te sentiste un poco aparte y también un poco lejos. Puede que en algún momento aparentases más de lo que en realidad eras en ese momento o puede que aparentases menos, que todo puede ser.

A veces la cosa ha podido ponerse difícil e incluso hasta endiabladamente complicada creyendo que no podrías con la situación sobre todo porque no creías que ibas a ser capaz de afrontarla. Puede que personas a tu alrededor te hiciesen la vida imposible o que se la hicieses tú a alguien. Y hasta puede que te llegase a parecer imposible salir de alguna situación algún día.

Es probable que no dieses valor a ninguna de tus capacidades y que no reconocieses ningún don, talento o virtud en ti. Quizás también no tuvieses la sensibilidad en ese momento de reconocerlos en los demás. E incluso puede que en alguna ocasión no tuvieses ni la más remota idea de por qué estabas viviendo y por lo tanto que te planteases el para qué de continuar.

Quizás te cegases de odio en algún momento, que descargases tu ira indebidamente o que te la tragases y pasase a tu torrente sanguíneo intoxicándote hasta más allá de las entrañas. Puede que estuvieses con tanto enfoque en tus propias cosas que no reparases en las de los demás, y aún menos en que las cosas de todos se necesitan unas de otras para descubrir un más allá en el más acá del cotidiano.

A lo mejor creciste en un ambiente sin amor y a lo peor, también. Quizás repites condicionamientos que mamaste y que ni has reparado en que todo eso se puede revisar. Y que hasta casi se debe si nos apuramos. A lo mejor por no conectar con tu propio dolor lo infringes a los demás, sobre todo a quienes son más débiles que tú.

Puede que te hayas dejado caer en la desidia en algún momento y hasta puede que desde entonces no te hayas recuperado a ti mismo/a y continúes en ella. Puede que el infierno interior te haya abierto sus puertas y que tú hayas descendido hasta lo más horroroso del Averno, e incluso a un lugar que está aún más allá, que pocos conocen y que no tiene ni nombre. Puede que no te hayas enterado de lo que tus peores miedos te vienen a contar en realidad y que vivas a merced de algo tenebroso que te acecha sólo en tu mente.

Así podríamos estar enumerando “lindezas” de la experiencia humana durante un rato largo… Lindezas que parecen atufar, a nosotros mismos y casi seguro a quienes se relacionan con nosotros. Podríamos estar enumerándolas… o no. Casi seguro que todas ellas tienen un reverso que descubrir, que valorar y que activar. Que comprender, contemplar y respetar. Casi seguro que a todo eso se le puede dar la vuelta, verlo desde otra dimensión y afrontarlo. Puede que todo ello guarde tesoros que a veces no podemos ni imaginar acerca de esto de vivir en la vida…

Sea lo que sea que estemos viviendo, transitando, experimentando en nuestra existencia humana, lo estamos emanando al mundo, al nuestro en particular y al de todos también en particular. Eso en lo que están de acuerdo nuestras emociones y pensamientos en nuestro interior, para bien, para mal y para regular es lo que estamos emanando, la frecuencia genérica que emitoEn mi mano está hacer algo útil, edificante e inspirador de mi vida y mis circunstancias. En mi mano está emanar tufo o no…

El diccionario vincula fragancia a las virtudes de las personas y la define como olor suave y delicioso. Seguro que todo lo anterior, las llamadas lindezas, son tan solo la sombra de la luz. Seguro que te están invitando a que encuentres tu grandeza en medio de todo ello. Como sé que tienes la capacidad, a ti me dirijo.

Ojalá que lo que emanes al mundo, pase lo que pase, sea fragancia, tu Fragancia, única, indispensable, aunque todavía no lo sepas o creas…. Y que ello expanda los pulmones de quienes tengamos la fortuna de respirarte. Ojalá…

Por Francisko Javier de Pablo