¿Eres de las personas que quieren solucionar eso con lo que lo pasas mal sin meterte realmente y hasta el fondo en ello? Si lo consigues, por favor, llámame para desvelarme cómo lo has hecho.

Cada vez es más patente encontrarme personas que pretenden solucionar sus asuntos internos (porque siempre lo son, internos, digo) con tan sólo leyendo libros, asistiendo a conferencias, hablando de ello con los amigos/as, haciendo un a o dos sesiones de terapia individual… Cuántos padres y madres envían a terapia a sus hijos/as cuando la neurosis sin resolver quizás está en sus propias psiques desde antes incluso que nacieran estos/as hijos/as.

La cantidad de gente que prioriza unas vacaciones, ropa, copas o lo que legítimamente considere antes que sanar sus heridas, dificultades y sombras interiores o antes que invertir parte de su economía en ello. Mas, a la vez, muchas de estas personas proponen tomar café o pasear con alguien que es profesional de esto y que en el fondo lo que pretenden, como quien no quiere la cosa, es una sesión de terapia envuelta en una conversación cálida y amigable. En todo lo anterior es como un “pretender” sin ponerse con responsabilidad en ello. Responsabilidad sobre todo para con la propia vida y la calidad interior de la misma auto proveyéndose de lo que tanto solemos buscar y pretender fuera, que sean otros quienes nos suplan esa carencia.

Es necesario también expresar que cuando las conversaciones de hondo calado acerca de lo más difícil y enrevesado del vivir son con un/a amigo/a (que quizás no siempre sean personas con una perspectiva neutra en la que no entre sus proyecciones o sus propios asuntos sin resolver…), las opiniones o consejos que ofrecen, quizás, a veces, en lugar de iluminar…líen más la cosa. Seguramente son bienintencionados, mas eso, quizás no acertados para lo que la persona más pueda necesitar.

También hay quien que frecuenta ambientes de Reiki, Yoga, Cuántica, que si bien se trata de maravillosas herramientas para el beneficio de quienes las practican, en ocasiones sirven de excusa para que, algunas personas con asuntos por resolver en su interior,  empleen estas herramientas como parches para no entrar de lleno en esos asuntos que precisamente les gustaría solucionar. Expreso les “gustaría” y no expreso “quieren” porque aquí abrimos otro tema… ¿Quieren o sólo les gustaría? ¿De qué se compone el verdadero “querer” de algo que quiero realmente para la mejora profunda de mi vida…? Excelente reflexión…

Acabo de recuperar unos vídeos de un mini taller que ofrecí en la Universidad llamado “Coaching Emocional para el entorno laboral”, y comenzaba aquellas dos clases de 3 horas cada una preguntando a los/as jóvenes que habían acudido: ¿Quién cree que en estas dos clases, en estas seis horas, va a salir sabiendo gestionar su inteligencia emocional?”. La respuesta me hizo ponerme algo en alerta por lo que me sorprendió. Prácticamente la totalidad de la sala levantó la mano, y convencida además. Alerta por lo inconscientes que podemos llegar a estar de todo este asunto.

Además es necesario añadir que estos jóvenes universitarios no habían acudido a estas clases por un verdadero interés en el asunto, sino porque a cambio de su asistencia la universidad les ofrecía créditos para las notas de sus carreras, que si no… Hablo con conocimiento de causa ya que justo el otro día ofrecí una nueva conferencia presentación gratuita (y sin créditos universitarios) a los/as jóvenes de esta misma universidad para un proyecto altruista y gratuito de formación en Inteligencia Emocional precisamente para jóvenes, de varios meses, a cargo de muchos profesionales de esta rama y que en el mercado alcanzaría varios miles de euros, y tras ir allí para ofrecer plazas como alumnos/as en esta formación a la que no accede todo el mundo y, reitero, de forma altruista… no apareció nadie. Na-di-e.

En comparación a la población total, las personas que deciden llevar a cabo un proceso de desarrollo, autoconocimiento, crecimiento interior y sanación, con el compromiso, entrega, dedicación, valentía y determinación que ello conlleva, son relativamente pocas. Puede ser visto desde la óptica de que estas personas están presentes plenamente en sus vidas ya que, aún con sus dificultades – como el resto del mundo – además están con sus capacidades para afrontar esas dificultades. Y si no lo están, están en el proceso activo de encontrarlas, en el único lugar donde están y las van a encontrar: en su propio interior.

Según estos universitarios tenían las manos levantadas, fui lanzándoles preguntas como: “¿Tenéis analizados los conflictos de vuestra vida?¿Sabéis qué es un conflicto? ¿Sabéis qué los provoca? ¿Sabéis desde qué parte interna vuestra se están manteniendo esos conflictos? ¿Sabéis solucionarlos? ¿Sabéis comprender a la otra parte del conflicto, a la otra persona, en el caso de que el conflicto sea exterior? ¿Sabes salir de lo que te pasa a ti para comprender lo que le pasa al otro y encontrar un lugar común donde poder resolver? ¿Sabéis cuánto de inconsciente puede haber en ambas partes manifestando un conflicto? ¿Te has dado cuenta de qué zonas hay en ti menos evidentes para tu conciencia como para poder ocuparte de ellas y por lo tanto de tus conflictos? ¿Sabes  que todo conflicto exterior quizás esté hablando de tu propio conflicto interior ¿Sabes de qué parte de ti te están hablando tus miedos? ¿Sabes para qué tienes emociones? ¿Sabes qué tipo de personalidad tienes?¿Y el tipo de personalidad que tienen las personas de tu entono? ¿Lo tienes en cuenta en las dificultades cotidianas? ¿Sabes cómo están manejando tu vida tus creencias y sobre todo las inconscientes? ¿Sabes qué te están contando de ti tus relaciones, especialmente las difíciles? ¿Sabes en qué consiste la coherencia? ¿Eres coherente en tu vida?…”.

Las manos fueron bajando paulatinamente hasta no quedar ninguna en alto. Y las expresiones de sus rostros se habían transformado por completo. Quizás se habían dado cuenta, afortunadamente, de que no iban a ser expertos en Inteligencia Emocional y la gestión de la misma en un par de clases de un total de seis horas… Aunque, con fortuna, ojalá quedase alguna semilla plantada de querer saber más al respecto – con todo lo que conlleva – en alguno/a de ellos/as. Esa era la esperanza por mi parte y el motivo principal de esas seis horas de clase.

Es un clásico que en conferencias y formaciones pregunte al inicio que quién quiere un Mundo Mejor, como un clásico es también que todo el mundo levante la mano con entusiasmo.

Como otro clásico es que cuando pregunto que qué están haciendo en el cotidiano de sus vidas por ese Mundo Mejor, lo que hay es silencio y confusión… Los cuales aumentan cuando se sugiere que un mundo mejor quizás pase por un exhaustivo auto conocimiento, una profunda conciencia y una lúcida coherencia interior que se manifiesta en una plena auto estima, auto valoración y un profundo y verdadero amor por uno/a mismo/a, y que eso será lo que se refleje en el exterior como parte de ese Mundo Mejor que dicen desear.

De modo que, a las personas que trabajáis vuestro auto conocimiento y el profundo amor incondicional por vosotros/as mismos/as – quizás de los más difíciles de conseguir –, en individual o en grupo, conmigo o con otras personas, en cualquier parte de este planeta tan dolorido y sediento de Amor… GRACIAS.

Sois héroes y heroínas que construís un Mundo Mejor en el único lugar posible y en el más difícil: en vuestro propio interior.

Con Honor, Respeto y Reconocimiento.

Con Amor.

Por Francisko Javier de Pablo, director de Código inspiración, especializado en Inteligencia, Gestión y Formación Emocional no convencional, y Orientación Transpersonal para familias, niños/as, adolescentes y personas adultas.