Madres, padres, hijos e hijas, docentes de cualquier área, universitarios, responsables de equipos, profesionales de la salud y de las artes, jefes, periodistas, abogados, coaches, psicólogos y terapeutas, directores de centros, y quizás hasta algún político… Muchos seres humanos que componen la sociedad están por la labor de verdaderamente construir un mundo mejor. Quizás este mundo mejor pase por encarnar un nuevo modo de vivir y afrontar todas las áreas de nuestro cotidiano desde una nueva y más consciente mentalidad. Llevar a cabo una rigurosa revisión de creencias, ideas y formas mentales para desechar las que no contribuyan a nuestro mayor bien, que redundan en creencias de limitación, escasez, sufrimiento, preocupación o miedo y, de este modo, abrir nuevos espacios a todo lo nuevo y a todo lo que está por descubrir en nuestro propio interior más acorde a los elevados valores de los que también somos capaces.

Esto nos pide precisamente responsabilidad mental, ser verdaderos maestros de lo que ocurre en nuestra mente, sin que nada suceda en ella sin nuestro consentimiento. Sin duda que nos van a asaltar infinidad de pensamientos y creencias limitantes, formas de ver las situaciones caducas que en nada corresponden a los tiempos que corren, formas de ver las cosas anquilosadas sin haber sido puestas en tela de juicio, defensas, ataques, luchas, prejuicios, críticas, proyecciones y sombras sin iluminar. Es así: somos responsables de lo que ocurre en nuestras mentes. Y si todavía no somos capaces de frenar los pensamientos densos, tóxicos e improductivos, sí que somos responsables de practicar y aprender a hacerlo, por nuestro bienestar, por el de las personas de nuestro entorno y por revisar con qué nutrimos la trama que todo lo une.

Quizás estas palabras hayan comenzado con vehemencia y fuerza, quizás las energías necesarias como para comenzar a movilizar todo lo que está sujetando el antiguo paradigma de conciencia basado en el raciocinio condicionado y sin depurar, la competencia, el juicio, la crítica, energías todas ellas “empequeñecedoras” (si me permites la invención del término) de la máxima posibilidad de grandeza interior de los seres humanos. Esto no son meras palabras bonitas, es toda una actitud de vida posible. Es necesario que personas de toda condición y en todos los lugares atendamos con verdadero compromiso a lo que nuestros corazones nos están pidiendo, llevando a efecto nuevas formas de pensar, de sentir, hablar y actuar que configuren patrones de Unidad y Amor en los seres humanos. Amor, no como un concepto romántico o emocional, sino como el estado de consciencia que es y, desde esa percepción, como la verdadera fuerza capaz de transformar las sociedades y el mundo. Unificar en la diversidad y, precisamente, gracias a ella, comprendiéndola, amándola.

Mas, ¿cómo vamos a unificar en lo externo si previamente no unificamos en nuestro interior? Es frecuente que cuando se le pregunta a la gente que qué siente, piensa, dice y actúa respecto a cualquier tema del exterior que no le gusta, responda en diferentes direcciones, que siente algo determinado, piensa justo lo contrario, expresa o dice otra tercera cosa e, incluso, hace algo totalmente opuesto a todo lo anterior. Ausencia total de coherencia interna, de autenticidad con uno mismo y con los demás. Es imperiosamente prioritario alcanzar la unificación de mi sentir, pensar, expresar y actuar, de ser coherente, para poder influir en el mundo con esa misma coherencia y autenticidad, dos de las energías que más necesita este Nuevo Paradigma, que nos necesita a su vez para poder ser encarnado y materializarse a través de los seres humanos. Porque unificar mi interior me abre la puerta a quererme a mí mismo, a proporcionarme el amor que tantas veces busco fuera

¿Quién no quiere lo mejor para sí mismo? ¿Quién no quiere lo mejor para sus hijos e hijas? ¿Quieres lo mejor para tu pareja, tus empleados, amigos, jefes…? Todo esto comienza por unificar tu interior en coherencia y así estarás encarnado el primer amor de todos, el Amor Propio, el Amor a uno mismo, que se compone de Auto Estima, Auto Respeto y Auto Cuidado. Sólo desde aquí podemos ejercer una influencia luminosa – más allá de lo que digamos o hagamos, tan sólo con la vibración de nuestra presencia – en las personas que amamos y en este mundo que queremos que sea un lugar mejor. Si todo es relación – desde la que mantienen mis células u órganos, la de la luna con las mareas terrestres, o la del sol con las cosechas – la atención debería estar muy centrada en optimizar la primera relación, la que mantengo conmigo mismo. Esto es cambiar verdadera y contundentemente el mundo. Y que desde ahí, desde esa fuerza de coherencia de amor interior, que mis acciones lleguen al planeta para iluminarle, sanarle, amarle.

El mundo nos necesita en plenitud. Es enorme el desgaste que se produce cuando no empleo de la mejor manera mis emociones, pensamientos, expresiones y acciones, armonizándolo, unificándolo. Mucha gente dice: “¡Qué difícil!”. Quizás. Pero si tras esa expresión pones punto y final sin intentarlo, además de ser difícil será dramático, en el sentido de que tu vida seguirá disociada en tu interior con los consiguientes estados de preocupación, inseguridad, preocupación, enfermedad y miedo, precisamente todo de lo que se ha estado alimentando el viejo paradigma. Y dramático en el sentido de que será eso lo que estés ofreciendo al mundo desde tu verdad más profunda. Y de ambos asuntos, de la calidad de vida interior que me proporciono a mí mismo y de lo que vibro en el mundo, soy responsable. Responsabilidad nunca entendida como una carga sino como un consciente acto de amor, justo el alimento del que se nutre el Nuevo Paradigma de Consciencia.

Quizás para todo ello sea necesario hacernos expertos en nosotros/as mismos/as. Especializarnos, cada quien en su parcela, en la depuración de nuestro sistema de creencias, en la elección de nuestros pensamientos, en la selección de nuestras emociones, en la sabiduría de nuestras expresiones, en la integridad de nuestros actos. En la creación de sanas y armoniosas relaciones humanas, en la instauración de la bondad como fuerza benéfica y benévola que transforma la vida de las personas que la ofrecen y la reciben. En la refinada gestión de mi energía y vibración para mí y para el mundo del que formo parte. En lograr y mantener la paz en mi mente y llevar ese estado a este planeta. Especializarme en ser un ente amoroso, en ser el Amor para poder contribuir a ayudar a un planeta tan sediento de él

Quizás los patrones de Unidad y Amor que podemos encarnar pasen por estar todos juntos en una misma frecuencia, aunque seamos diferentes, la frecuencia que a todos nos toca y unifica: el Amor. Si me amo, estoy unificado en mí mismo, soy transparencia, coherencia, honestidad, no hay disfraces, sólo quedo yo. Y desde ahí que se produzca el milagro de pasar del yo al Nosotros. Para ello tenemos todas las herramientas, guías y ayuda a nuestra disposición, para lograr ser seres inteligentes emocionalmente hablando y encarnar lo que nuestra existencia y el Nuevo Paradigma de Consciencia nos están solicitando . Es el momento. Es ahora.

Ojalá te sepas parte de todo esto y que podamos unificar nuestros corazones. Y que unifiquemos la responsabilidad de nuestras mentes en un misma misión de deshacer la ilusión de la dualidad para comprender la Unidad, la cual, sólo puede darse a través de nuestra bendita diversidad. Quizás parezca que hay mucho por hacer, mas… ¡puede ser tan hermoso!

Si te sabes parte de todo esto, Gracias por estar en este momento en este planeta. Gracias de Corazón. Abrazo en la Luz. Seguimos.

Por Francisko Javier de Pablo. Fundador y Director de Código Inspiración. Especializado en Inteligencia, Formación y Gestión Emocional.