Cómo voy a ser feliz si lo que creo que es la felicidad resulta que no lo es. Cómo voy a ser feliz si no sé para qué me ocurren la cosas realmente, si participo de apariencias y afanes, si no sé ni para qué tengo emociones ni cómo emplearlas ni lo que significan o el mensaje que me están queriendo hacer llegar. Cómo voy a ser feliz si no tengo ninguna autoridad sobre lo que ocurre o deja de ocurrir en mi mente, siendo travesada continuamente por todo tipo de basura.

Cómo voy a ser feliz si me relaciono con personas con las que comparto profundos aprendizajes vitales y no tengo ni la más remota idea de cuáles son. Cómo voy a ser feliz si me relaciono con otras personas para ver qué puedo sacar y obtener en lugar de ver qué puedo ofrecer y entregar. Cómo voy a ser feliz si mi estado anímico interior depende de lo que ocurra o no ocurra fuera de mí en el exterior. Cómo voy a ser feliz si doy mayor crédito a lo que pienso que a mis pálpitos, intuiciones y corazonadas sin actuar en consecuencia.

Cómo voy a ser feliz si doy más importancia a lo que piensen otras personas de mí que lo que yo mismo pienso. Cómo voy a ser feliz entre tanta mentira y apariencia, entre tanta falta de autenticidad. Cómo voy a ser feliz si no estoy en contacto con mis emociones y las expreso en lugar de reprimirlas. Cómo voy a ser feliz si no soy coherente entre lo que siento, lo que pienso, lo que expreso y lo que hago. Cómo voy a ser feliz si no sé poner límites cuando alguien me invade o cuando soy yo el que invade a otra persona. Cómo voy a ser feliz si no soy consciente de la mayoría de mis carencias y de las que sí soy consciente no me ocupo anhelando que sean otros quienes se hagan cargo de ellas.

Cómo voy a ser feliz si no soy yo mismo en determinadas situaciones y si finjo delante de otras personas. Cómo voy a ser feliz cuando no sé decir no o cuando no sé decir sí. Cómo voy a ser feliz si no conozco cómo mi sombra está boicoteando mi estado de felicidad interior y mi ego se relaciona con otros egos igual de inconscientes bailándonos el agua unos a otros en un bucle de ignorancia. Cómo voy a ser feliz si no acepto la realidad tal como es, si lucho contra las circunstancias y personas, si me resisto a ellas en lugar de darme la opción de plantearme cómo me pueden ayudar en realidad a aprender, a crecer y a hacerme más grande. Cómo voy a ser feliz si me creo y mantengo estados de infravaloración, de escasez, incapacidad, de falta de auto estima. Cómo voy a ser feliz si doy mayor valor y cabida a lo que me limita que a lo que me expande y me hace más grande.

Cómo voy a ser feliz si ni comprendo el sentido último de mi vida y de la de los demás. Cómo voy a ser feliz si me creo separado y escindido de todo y de todos. Cómo voy a ser feliz si me dejo devorar por el miedo sin comprender el mensaje oculto de evolución que me trae. Cómo voy a ser feliz si prepondero un abismo de miedo en mi interior en lugar de un paraíso de Amor. Cómo voy a ser feliz si me ahogo ante las dificultades sin comprender las oportunidades de evolución que me ofrecen y no me pongo creativo en resolver los asuntos difíciles de mi propia vida. Cómo voy a ser feliz si pienso pensamientos de infelicidad en lugar de pensar pensamientos de felicidad en abundancia. Cómo voy a ser feliz si no llamo a las cosas por su nombre, si busco continuamente amor fuera en lugar de cultivar en mí mismo y hacia mí respeto, cultivar en mí mismo y hacia mí el primer y más importante amor, el propio…

No me extraña que ser feliz sea tan difícil, que sea algo tan buscado, deseado y a la vez tan poco encontrado, tan incomprendido y con tantas falsas ideas y preconceptos acerca de ello. Pareciera muy complicado ser feliz. Y sí, lo es. Y a la vez sencillo. Quitemos todo lo que nos sobra y que no somos en lo profundo y quizás la felicidad emerja por sí misma, como un estado de gracia que nada necesita y que todo lo es. Puede que sea necesaria una reflexión acerca de eso de “Ser Feliz”…

Quizás este sea un poder de cada ser humano, de todos nosotros, el poder de Ser la Felicidad. E iluminar el mundo al compartirla.

Por Francisko Javier de Pablo