Qué paradoja que lo fundamental del ser humano como son sus emociones, pensamientos, relaciones, miedos… sean de los campos más desconocidos, caóticos y protegidos en la mayor parte de las personas.

Desde que nacemos ya nos encontramos en nuestra familia con personas que, por lo general, desconocen para qué tienen emociones, de qué les están informando, la guía exacta y precisa del camino vital que les están indicando o, sencillamente, saberlas comprender y gestionar. Incluso, en muchos casos, determinadas emociones no permitidas, negadas o ignoradas y, por lo tanto, no sentidas. Incluso hasta reprimidas. ¿A qué estado de ignorancia hemos llegado que reprimimos nuestras emociones, nuestra verdad…?

Personas que no tienen (por no haberla desarrollado más que nada) ninguna capacidad de observar sus pensamientos, todo lo que ocurre en su mente sin control ni consciencia con todas las consecuencias de toda índole que esto acarrea.

Que desconocen por completo el sistema de creencias que tienen arraigadas, tanto a nivel consciente como subconsciente, que rigen por completo su experiencia de vida sin caer en la cuenta de ello y, por lo tanto, sin cuestionar las más nocivas, tanto para uno/a mismo/a como para los demás.

Toda la información que nos proporcionan las relaciones personales, el ámbito de aprendizaje y crecimiento interior por excelencia, con el sistema de espejos de todo lo subconsciente en uno/a mismo/a que sería proclive de comprensión, sanación e integración en lugar de andar proyectándolo fuera con juicio, crítica o condena.

El desconocimiento absoluto del mundo del miedo, tan huido, tergiversado, peleado, rechazado y, sobre todo, incomprendido, a causa de lo cual nos perdemos toda la valiosísima información de todo lo no resuelto en nuestro interior, que está pidiendo luz a gritos y con urgencia y que está deteniendo nuestro avance personal y, por lo tanto, evolutivo.

Según nacemos caemos en familias cuyo auto conocimiento a nivel profundo más allá de las primeras capas superficiales brilla por su ausencia. No hay juicio o crítica en ello o por ello. Nadie nos ha sabido enseñar lo que no sabe porque nadie se lo enseñó por quienes no sabían. Y así hasta el final de los tiempos pero para atrás. Y nunca mejor dicho. Para atrás.

Vamos a “parar” en estas familias, en estos sistemas educativos, en estas clases, en estos institutos, en estas universidades, en estos trabajos, en estas parejas, en estas maternidades, en estas paternidades. En “esto” tal como está en general.

Aún con todo, la inercia es prepararse para la abogacía, la medicina, la informática, la fontanería, la actuación, la política, la ingeniería, el pastoreo, la arquitectura, los idiomas y así, ya sabes, un largo etcétera. Y ya no prepararse sino especializarse en todas estas ocupaciones. Especializarse…

He conocido un excesivo número mínimo de seres humanos que su prioridad haya sido prepararse como ser humano con emociones, pensamientos, sistemas de creencias, miedos… en cómo operan, influyen y sobre todo cómo éstas áreas determinan la calidad de vida interior, y ya no sólo la propia sino la de todas las personas con las que entramos en contacto en profesiones, entornos educativos, parejas y, de forma capital, las familias. Muy, muy pocos, casi ninguno, a lo largo de mi vida.

Hay mucha gente infeliz. La felicidad es el logro de un estado interno cuando vivimos en coherencia: mis emociones, pensamientos, expresión de lo que digo y hago alineado, unificado. A partir de aquí, junto con un óptimo grado de aceptación, comprensión y compromiso vital, comienza a vislumbrase la verdadera felicidad, la profunda.

Personas coherentes he conocido todavía menos…

Mi esperanza es un Humano Nuevo sobre la Tierra que se ocupe de su auto conocimiento, de su desarrollo como la maravilla de la vida que es. En ello pongo mi conocimiento, mi acción y mi corazón. Y mi visión…

Estando el patio como está… qué paradoja que lo fundamental del ser humano como son sus emociones, pensamientos, relaciones, miedos… sigan siendo de los campos más desconocidos, caóticos y protegidos en la mayor parte de las personas, ¿no?

La buena noticia es que todo está por hacer. O mucho de ello. Y que tenemos la capacidad si ponemos la voluntad. Esa es la buena noticia.

Por Francisko Javier de Pablo, director de Código inspiración, especializado en Inteligencia, Gestión y Formación Emocional no convencional, y Orientación Transpersonal para familias, niños/as, adolescentes y personas adultas.