¿Por qué es tan difícil encontrar gente que se encuentre en un estado de paz interior? Cuanto menos es curioso porque además, de un modo u otro, es lo que desea la mayor parte de la población. Algo no cuadra. ¿Y eso?

Llevo una temporada encontrándome con personas que siguen sus vidas, en sus cotidianos, sus asuntos y todo parece rular sin más. Tienen sus trabajos, sus vocaciones, su economía asegurada, sus familias, su descendencia… Lo que ocurre es que a poco que se rasca – y en numerosas ocasiones no hace falta mucho rascar – emerge todo un cúmulo de situaciones hechas una bola, amontonadas la lo largo del vivir y que, por la razón que sea, no se han ido resolviendo. Y a poco que se rasca emerge la desilusión, la amargura, el desconsuelo, el miedo, la resignación en algún aspecto u otro. La ausencia de paz. Y como consecuencia, estados de sufrimiento. Las personas quieren paz interior mas, cuando se les pregunta que cuántos pensamientos de paz piensan y cuantas acciones que favorezcan su paz interior llevan a acabo con honestidad y coherencia… la expresión de su rostro se vuelve una especie de mueca muda.

Es como si la humanidad se hubiese desconectado de que – o que nunca lo hubiese sabido –  las situaciones que se les presentan no son un fin en sí mismo, y aún menos con el objetivo de hacerles desgraciados, sino una oportuna puerta para aprender y crecer como ser humano espiritual en evolución. Se trata de situaciones que lo que necesitan es ser entendidas desde un nuevo lugar de comprensión para poderlas resolver e integrar.

Lo realmente llamativo es que en ocasiones, cuando a alguien que está viviendo determinada área de su experiencia vital  de una manera que le resta paz interior, se le aporta esta otra visión, esta otra forma de percibir la misma realidad, durante unos segundos atienden con la mirada entre sorprendida, apasionada y esperanzada para, pasados estos, vuelven a su queja en bucle y a la desaparición de la energía de brillo que hacía un instante emanaba de su rostro ante una nueva – pero momentánea – visión vital. Y continúan en sus vidas ausentes de paz olvidando quizás – quién sabe – que hubo una ocasión que alguien le puso delante de su conciencia el que todo puede ser contemplado desde otra dimensión de consciencia que conduce a eso que la humanidad anhela, la paz, la de la propia vida íntima e interior.

A veces me he sentido desafortunado por los altibajos de mi economía, por los reveses de la vida, por las incomprensiones ajenas, por los aparentes desaires de la Diosa Fortuna, por… tantas y tantas cosas…

Mas ayer, mientras cocinaba en silencio, reflexionando acerca de todo esto, repasando mentalmente los últimos encuentros con estas personas, caía en la cuenta de lo humildemente especial que es mi vida por la paz íntima e interior que la preside. Y me sentí profundamente agradecido por haber tenido el don de haber construido con las circunstancias de mi vida mi paz interior. Mi mayor tesoro. No siempre supe cómo se hace, pero sí que siempre me ocupé de quererlo saber.

Esta paz entendida como el tesoro de haber llegado a saber que aprendo a amarme en cada vivencia difícil que resuelvo en el único lugar que puedo hacerlo, en mi interior. Y que quizás el Viaje del vivir consista en aprender a Amar y que eso comienza por uno mismo, por una misma.

Y si yo he podido y puedo… ¿quién no podrá? ¿Quién no puede?

Con mis mejores deseos para tu paz, que será la de todos.

GRACIAS si te decides y tomas la responsabilidad de ser tu propia paz interior.

Te Amo.

Por Franisko Javier de Pablo, director de Código inspiración, especializado en Inteligencia, Gestión y Formación Emocional no convencional, y Orientación Transpersonal para familias, niños/as, adolescentes y personas adultas.