Cuando pregunto a una audiencia más o menos concurrida que quién prefiere, le gusta, quiere un mundo mejor, es un clásico que prácticamente la totalidad de las manos son alzadas. Y con entusiasmo. Normalmente esto ocurre en alguna de las conferencias, clases o cursos que ofrezco. Tras la exposición de las temáticas que voy llevando a cabo en dichos eventos, en las que se toca, entre otras cosas, la Autenticidad, pregunto que quién prefiere tratar con personas autenticas. De nuevo todas las manos alzadas, y de nuevo con entusiasmo. Mas cuando a continuación pregunto que quién entrega Autenticidad a otras personas, en las situaciones, incluso a sí mismos, mismas… tan sólo se levantan una o dos manos. A veces ninguna. Significativo. De igual manera que cuando comento que quizás ese mundo mejor pase por la Autenticidad de las personas y que quiénes de las presentes están dispuestas a mostrarse auténticas para lograr ese mundo mejor que todas esas manos expresan querer y desear… de nuevo pocas manos. A veces menos que en el caso anterior. Al menos, las respuestas, son honestas.

¿Qué ocurre? ¿Por qué? El diccionario nos dice que auténtico es quien es consecuente consigo mismo, que se muestra tal como es, una certificación con que se testifica la identidad y verdad de algo. Y esta otra, que me encanta: que es realmente lo que parece o se dice que es. Que es realmente lo que parece… Me viene a la mente un programa de radio que emiten desde Buenos Aires que precisamente se llama así, “¿Ser o Parecer?”, por Silvana Silveri.

La Autenticidad es un resultado, ni siquiera casi una opción a priori. Tras mucho darle vueltas, la Autenticidad quizás sea el resultado de algo que parece ser también difícil e inusual entre las personas: la Coherencia. Entendemos aquí coherencia por estar consciente de lo que en realidad siento, que mis pensamientos sean acordes a ese sentir, que lo que digo vaya en la misma dirección y que lo que hago unifique todo lo anterior. Que lo que siento, hago, digo y hago tengan el mismo “color”, la misma vibración, que conformen una sola “cosa”, que esta unificación de planos me, precisamente, unifique. Que mis planos importantísimos de sentir, pensar, expresar y hacer no me disocien en mi interior, no disgreguen mi identidad. La Coherencia me permite ser un Hombre o una Mujer afín con mi Verdad más profunda. Y si esta está al servicio de la Luz, de lo luminoso del Ser Humano, miel sobre hojuelas.

La Coherencia en sí misma no tiene por qué ser un valor, entendido éste como pertenciente a la parte más elevada de las personas. En algunas ocasiones me he encontrado personas muy coherentes en su odio y violencia, hacia sí mismas o hacia los demás. Personas que sienten un gran odio sin resolver o iluminar en su interior, que sus pensamientos asesinos son acordes, como acorde es la virulenta violencia de todo lo que sale por su boca y que se unifica en sus actos de destructiva devastación. ¿Esta persona es coherente? Parece que sí. ¿Auténtica? Parece que también

Aquí nos referimos a la Coherencia iluminada, la que es producto de un sentir depurado, sanado, conscientemente orientado hacia la dimensión de Amor, que como siempre decimos, no es algo cursi o empalagoso, sino la verdadera Fuerza de transformación de las personas, las sociedades y del mundo. No he conocido a nadie que no sea Amor. También es verdad que suele ser Amor dañado. No he conocido a nadie que, en última instancia, no desee y necesite Amor. No he contemplado ninguna situación donde en lo profundo no sea del Amor, o de su ausencia, de lo que se trate. Nadie tiene que creerlo mas todo el mundo puede investigarlo: todo, siempre, tiene que ver con el Amor en un mundo sediento de él.

Una Coherencia iluminada en la que se tiene el coraje de sentir lo que se siente como la Verdad profunda que soy. Unos pensamientos que se han alejado del miedo y el temor mediante un acto de voluntad , y que se ponen al servicio de ese genuino sentir. Una expresión clara y diáfana, repleta de aceptación y respeto por los demás y que, sobre todo acepta y respeta lo que uno mismo siente y piensa en conjunción. Y una acción, un hacer en el mundo, en armonía con lo expuesto. Todo ello, de ser posible, acorde a los parámetros del Nuevo Paradigma de Consciencia, donde dejamos de mirarnos el propio ombligo para poner nuestra Verdad al servicio del cuerpo de la Humanidad y de su mejor evolución posible.

Coherencia y Autenticidad al servicio de la Trascendencia, la cual puede ser el proceso de búsqueda de Sentido de la propia vida

Tengo una esperanza, un sueño. ¿Quieres saberlo…? Si es no, quizás quieras dejar de leer aquí.

Si es sí, continua un poco más…

Tengo la esperanza, el sueño de que cada vez que pregunte que quién está dispuesto, dispuesta, a afrontar su Coherencia en la Luz – en medio de tanta densidad y oscuridad – y que quién está dispuesto, dispuesta, a ofrecer al mundo su Ser auténtico, sean más, y más, y aún más… las manos que se levanten. Y con entusiasmo.

Será signo de que la Humanidad… merece no ya la pena, sino la Alegría.

Por Francisko Javier de Pablo. Director de Código Inspiración. Especializado en Inteligencia, Formación y Gestión Emocional no convencional.